¿Qué es la Esquizofrenia?

        Tanto la esquizofrenia como el resto de los trastornos psicóticos se caracterizan por diferentes dominios psicopatológicos, cada uno con diferentes cursos, patrones de respuesta al tratamiento y pronósticos. Los dominios sintomáticos más relevantes incluyen: distorsión de la realidad (alucinaciones y delirios), desorganización, aplanamiento afectivo, deterioro cognitivo, comportamiento psicomotor anormal (p.ej., catatonia) y aspectos del humor (depresión y manía).  

       Los síntomas y signos mencionados, se presentan con anterioridad a la fase inicial de la enfermedad. Pone en evidencia los antecedentes sociales, formas vinculares y rasgos de personalidad desde su infancia. Es muy probable que los adolescentes pre-esquizofrenicos  no tengan amistades próximas, experiencias de trabajo en equipo o salidas sociales. Lo cual, implica un indicio de que los signos ya existían desde hacía meses, o incluso años. 

        Con el tiempo, la familia y cercanos, notan que la persona ha cambiado y que ya no puede rendir adecuadamente en las actividades laborales, sociales y personales. Otros síntomas iniciales que pueden aparecer son: comportamiento extraño, afecto anómalo, un lenguaje desorganizado, ideas extrañas y experiencias perceptivas incongruentes.

       Sin embargo, es preciso distinguir a la esquizofrenia del resto de las enfermedades mentales: la esquizofrenia a diferencia de otras patologías, es una condición que impregna la totalidad de la existencia y confiere a su portador, un perfil psicológico constante y muy definido. La cual, conduce a una destrucción de los vínculos interpersonales, a una ruptura con la historia y la tradición, y a un abandono del territorio del lenguaje y los significados compartidos.

Young woman touching her own reflection in a broken mirror

         El individuo esquizofrénico, puede sentirse más irreal que real; en sentido literal, más muerto que vivo; precariamente diferenciado del resto del mundo, de modo que su identidad y autonomía están siempre en tela de juicio. Kierkegaard (1960) se refiere a esto, al afirmar que  la esquizofrenia no puede entenderse sin comprender la desesperación de quien la padece. Puede carecer de la experiencia de su propia continuidad temporal. Puede no poseer un sentido de congruencia y cohesión personal. Puede sentirse más insustancial que sustancial. Y puede sentir que su Ser esta parcialmente divorciado de su cuerpo. 

         La alucinación, y el delirio, generan en el paciente, una suerte de interferencia. Un ruido que por momentos deja en suspenso el mundo compartido, y establece un nuevo mundo para el enfermo. Dicha interferencia en un primer momento, le genera perplejidad, y luego, en el mejor de los casos, se va acomodando en una trama discursiva creada por el paciente que ubica a dicha interferencia avasallante e indescriptible, en algo posible de contar, a pesar de que quien escuche su historia, no pueda comprender totalmente desde el sentido convencional, de lo que habla.

          Al agente de salud mental, le corresponde escuchar el relato, o la descripción de la alucinación y/o del delirio con el respeto necesario, dando por sentado que si bien el objeto percibido por el paciente no puede  ser percibido por él, , no deja de ser un objeto presente e ineludible que imposibilita en principio el intercambio subjetivo entre ambos. 

        Desde la orientación clínica del Análisis Existencial, el desafío será que el paciente a través del tratamiento, pueda desplegar en la medida de sus posibilidades, su existencia, a partir de la búsqueda de un sentido propio. Esto siempre, será con la lógica de considerar cada situación particular, ya que dentro de las psicosis, se presentan diferentes estadíos, que permitirán o no llegar a ver algo del despliegue espiritual.

          Esta patología a su vez requiere -para un abordaje psicoterapéutico posible- , una intervención de tipo farmacológica, para que el paciente tenga ciertos recursos que lo acerque a la realidad compartida. Luego, se abordará la posibilidad de intervenir desde una psicoterapia existencial que trabaje sobre las actitudes posibles frente a las alucinaciones y/o los delirios.  Para tal fin, será indispensable trabajar con la espacialidad, la temporalidad, la corporalidad y con el reconocimiento de su propia existencia, a través de su propia biografía, promoviendo su interacción familiar y/o social.

         Ayudar al paciente a ubicarse en el aquí y ahora, es una labor que requiere de mucha constancia y dedicación, ya que los pacientes con esta patología no tienen garantías tiempo-espaciales que los sostenga. Sin embargo, la mera interacción con un otro semejante que escuche al paciente, lo respete y le de valor a la trama discursiva que manifiesta (por disgregada que resulte), sumado al intento de integración del mismo en el mundo de sus otros semejantes; le otorga al paciente un entorno un poco más firme y fiable, donde la persona pueda  situarse al menos de momento en el presente.

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